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martes, 16 de septiembre de 2025

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Hecho ocurrido el 16 de septiembre de 2025, alrededor de las 5:18 p. m. 

Lugar:

Comunidad de Guaitil, Santa Cruz, Guanacaste; aproximadamente a 200 metros al sur de la escuela local. 

La vΓ­ctima

Un hombre, entre 35 y 40 aΓ±os de edad, quien recibiΓ³ mΓΊltiples disparos en cuello, pecho y piernas. 

Aunque extraoficialmente, podrΓ­a tratarse de alguien conocido con el alias “Repollo"; hasta el momento, las autoridades no han confirmado identidad pΓΊblicamente.

Los vecinos muestran angustia y terror por este hecho ocurrido en zona cercana a escuela, lo que aΓ±ade un fuerte impacto al hecho ocurrido en la comunidad. La Cruz Roja fue alertada y confirmΓ³ el fallecimiento del hombre, en el sitio. Las autoridades siguen investigando este hecho.

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Los medios pueden dar la noticia: “Ejecutan a un hombre a balazos cerca de una escuela”. Pero pocas veces se detienen a leer entre lΓ­neas. Este hecho, ocurrido en la comunidad de Guaitil, Santa Cruz, Guanacaste, el 16 de septiembre de 2025, no es solo otro episodio de violencia, es una seΓ±al grave de que el crimen organizado o el sicariato ya no teme ni siquiera los sΓ­mbolos sagrados de lo social, como lo es una instituciΓ³n educativa.

La vΓ­ctima, un hombre de entre 35 y 40 aΓ±os, fue acribillado en vΓ­a pΓΊblica, a apenas 200 metros de una escuela. No es solo el dato, es el lugar. ¿QuΓ© sucede en un paΓ­s cuando la violencia comienza a normalizarse al lado de los niΓ±os? La escena no ocurriΓ³ en la madrugada, ni en un barrio escondido, fue a plena luz, a eso de las 5:18 p. m., hora en que muchas personas aΓΊn transitan, niΓ±os regresan a casa o vecinos se encuentran en la calle. El crimen se instalΓ³ frente a todos y sin permiso.

Pero lo que distingue este hecho de otros no es solo su brutalidad, sino lo que revela; la cercanΓ­a a un centro educativo no solo representa un riesgo fΓ­sico, sino tambiΓ©n psicolΓ³gico para los niΓ±os y niΓ±as. No podemos pretender que los infantes aprendan sobre valores mientras a metros de sus pupitres, alguien cae abatido a tiros.

Los mΓΊltiples impactos de bala en cuello, pecho y piernas no dejan lugar a dudas, no fue una amenaza ni un error. Fue una ejecuciΓ³n pensada.

El alias atribuido extraoficialmente al fallecido, sugiere que se trata de alguien ya conocido por su entorno, posiblemente ligado a cΓ­rculos criminales. Es decir, el crimen no vino de afuera, habitaba en la comunidad.

A partir de aquΓ­ surgen preguntas que ningΓΊn titular formula:

¿DΓ³nde estΓ‘n las estrategias de contenciΓ³n comunitaria en territorios rurales como Guaitil?

¿CuΓ‘les protocolos de emergencia tienen nuestras escuelas si se presenta un hecho violento cerca del recinto?

¿QuΓ© hace el Ministerio de Seguridad PΓΊblica cuando el crimen ya no solo se mueve en zonas urbanas densas, sino en pueblos donde antes la mayor preocupaciΓ³n eran las lluvias o el precio del arroz?

Este crimen no puede quedar en una estadΓ­stica mΓ‘s ni ser digerido como otra noticia roja. Es el retrato de un paΓ­s que necesita revisar sus prioridades, y entender que cada vez que el crimen le roba terreno a la paz, se estΓ‘ disparando contra el futuro mismo.


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